EL PUEBLO

El boticario español establecido en La Orotava , Chinet (Tenerife) a finales del siglo XIX, Cipriano de Arribas y Sánchez, en su obra A través de Las Islas Canarias, recoge una antigua narración guanche de boca de un anciano del lugar de Vilaflor, detentador de la Tamusni (Historia oral del pueblo guanche que al igual que en el resto de los pueblos imazighen continentales se trasmite de generación en generación).

Vilaflor es un bello municipio canario situado en el sur de la isla  Chinet (Tenerife). Su altitud en la cabecera es de 1.400 metros sobre el nivel del mar. Siendo la capital municipal de mayor altitud de Canarias y con una población en la actualidad de más de 1.400 habitantes.

Los naturales son denominados chasnero, ra, debido a que el nombre autóctono del lugar de Vilaflor era “Chasna”, un topónimo  guanche de esta comarca perteneciente al menceyato de Achbuna (Abona).

Vilaflor es el nombre reciente y toma entidad jurídica según las normas castellanas a partir del establecimiento en el lugar de los criollos de origen catalán, Pedro Soler y su mujer Juana de Padilla, tronco del mayorazgo de los Soler en Chasna. Debemos recordar que hasta finales del siglo XVIII el único núcleo en esta amplia zona de la isla con presencia de habitantes de origen europeo lo constituía el mayorazgo de Adeje, en manos de los Ponte, familia oriunda de Portugal establecida en la isla desde los primeros momentos de la invasión y conquista. Las comunicaciones con este latifundio se efectuaban por la zona norte, pues hasta entonces los europeos jamás se aventuraban más allá del menceyato de Güimar, siendo las posesiones de los Ponte en Adeje un núcleo aislado del resto de la isla. Estos aprovecharon tal circunstancia para establecer un lucrativo negocio de tráfico de esclavos negros, y posiblemente de guanches, desde el puerto de la Caletas de Adeje. En el lugar se construyó una casa que según la tradición contaba con 365 huecos, y era lugar de contratación y reposo para afamados piratas y tratantes de esclavos, según recoge y documenta Rumeu de Armas. Este edificio fue, sin duda alguna, el primer hotel que se construyó en la hoy denominada Costa Adeje.

En el relato, de indudable origen guanche, aunque, como es habitual en los españoles, cuando tratan temas de la cultura ancestral Canaria, el recopilador introduce elementos propios del etnocentrismo europeo así como conceptos etnocristianos, pero que, en  definitiva, no trastocan totalmente el fondo de la narración. En ella podemos apreciar la iniciativa y capacidad de decisión de la mujer guanche, propia de la cultura matriarcal de nuestros ancestros. En algunos aspectos, los trabajos impuestos por Guayota al joven pretendiente nos recuerda -salvando las diferencias- a los impuestos por Euristeo a Hércules o Heracles, aunque, en nuestro caso, quien realmente resolvía los problemas era Vilaflor.

Es muy interesante la referencia que el  relato se hace de la divinidad paredro o secundaria del panteón guanche: Achuhurahan. ašu-hu-uraghan, comp. m. sing. de [Š] ‘que, lo que, el que’, [H] ‘estar en, venir de’ y [R·Gh] ‘arder’, ‘brillar’.

1. m . Tf. ant. desus. Divinidad masculina (lit. ‘el que está en lo ardiente o brillante’, ‘el flamante’). Expr. t. Achahuaban, Achahuerahan, Achahurahan, Achuhuiaban, Achuhuran, Achuhuyahan, Achxuraxan, Acuhurajan. (Ignacio Reyes, 2007)

Veamos la narración tal cual la transcribió Arriba y Sánchez:

“Un viejo nos refirió lo siguiente: Era un joven guanche de la nobleza del gran Tinerfe, el que dedicándose con vivo ardor á comilonas y banquetes y al juego de apuestas, llegó hasta el punto de consumir todos sus ganados. Viéndose completamente perdido, desde Goimar donde residía, fué á parar á las cumbres de Vilaflor. Allí aburridísimo invoca á Guayota (el duende del Teide), aparécele un fantasma que le impulsa adelante. Andando andando encuéntrase entre unos gigantescos pinos, donde sale á su encuentro una vieja que lavaba unas pieles en una charca. La vieja le dice: “Vuelve atrás que vas perdido que por aquí no se sube á la residencia de Guayota (el Teide); si éste es tu deseo continúa por este risco arriba”. Al poco rato sentadas al pié de una cascada de cristalinas pero aciduladas aguas (agrias) halla á tres hermosas guanchas llamadas según ellas Vilaflor, Jaruma y Tindalla. Como la Vilaflor estuviera lavándose los piés, cójela una soleta de su calzado y se marcha huyendo, pero ella le grita que se la vuelva y se casará con él. Entrégasele y Vilaflor le dice: -pues bien yo te ayudaré; mi padre es Guayota (el diablo) á quien tú buscas y estas otras dos jóvenes tan bellas mis hermanas; mira ahí viene, si te envía con un gánigo á sacar agua de otra vasija muy grande, es para empujarte y ahogarte, no vayas, le dices que tu no eres plebeyo.

Le conduce Vilaflor á su cueva y el padre entonces ordena que para casarle con su hija, habría de ir á la montaña cercana, zorribarla, sembrarla y recoger las habas maduras. Fué á ello con Vilaflor dejando éste una saliva encima de una laja dentro de su gruta, la que respondía por ella á todo lo que desde su cueva le preguntaba á gritos su padre Guayota. Entrególe al fin las habas, pero de nuevo le ordenó que fuera al mar en busca de un collar de cuentas de barro almagre que su mujer había perdido cuando se estuvo bañando. Fué también en busca del collar y un anillo de barro, pero en compañía de Vilaflor; al llegar á la orilla del mar ordenó ella que con una punzante tabona la picase en un brazo y recogiese la sangre en una pequeña calabaza de agua que al efecto llevaba y que tuviese mucho cuidado al arrojarla al mar de que no se le derramara ni una sola gota y que además tocara el Taxaraste y el silvato para no dejarse dormir, teniendo sumo cuidado y el oído alerta para acudir á sacarla del agua tan pronto como le llamase; cansada de gritar ella y medio dormido él oyó los gritos y acudió á sacarla del agua ya medio muerta, tendiéndola en la playa. Como derramó una gota de sangre fuera del mar, Vilaflor llegó a tierra con un dedo menos en su mano derecha, aunque trayendo el collar y el anillo.

Al llegar á su cueva rendidos de cansancio oyeron los gritos de Guayota que decía -venga el collar y el anillo, sinó mueres-. Se los presentó y entonces la mujer dice a Guayota -ya ves que es más diablo que tú, pues ha traído lo perdido en el fondo del mar. -En vista de esto dícenle que le ván á casar con una de sus hijas. Para escoger una de las tres hace que éstas introduzcan á través de un tabique de cañas sus manos, y nuestro héroe tira de la que le faltaba el dedo que era Vilaflor y el padre se la dió para él.

Ya de noche Vilaflor dice á su marido. -Esta noche padre nos viene á matar a los dos. – Para evitarlo acordaron llenar dos zurrones de cabra con sangre de oveja y viento y los colocaron en la cama tapándolos con pieles y se huyeron hacia Adeje. Llegó el padre sigilosamente á media noche á la cueva del nuevo matrimonio y de repente empieza á macanazo (garrotazo) limpio hasta cansarse, y por último los pinchó muchas veces con su lanza de barbuzano (madera) y como soplaba el viento creía que eran suspiros de los moribundos hijos; abiertas las bocas de los zurrones, derramaron el rojo líquido y el Guayota se retiró persuadido de que había desangrado á sus hijos y que ya eran cadáveres.

Al día siguiente la mujer de Guayota descubrió el engaño y á su marido se lo contó y riendo le decía: ¿Mira bien, no ves que son cueros? son ellos más diablos y hechiceros que tú; pero corre en su seguimiento y mátalos en el camino. Púsose en marcha y al ser reconocido por su hija transfórmase ésta en Mocan (árbol) y su esposo empieza á recoger en el suelo el fruto caído.

Guayota le pregunta por la pareja y él le contesta que á nadie a visto pasar. Vuélvese Guayota á su residencia y su mujer riendo estrepitosamente le dice: Pedazo de goro (cochino) -también significa el chiquero ó pocilga- aquél á quien preguntaste era el marido y el árbol del Mocán tu hija, vamos á cogerlos. Los hijos escalan el risco llamado hoy “Monte del agua agria” y al acercarse á ellos como por encanto la hija se convierte en agua ágria y él en risco por donde manaba el agua. Entonces la mujer de Guayota cansada y jadeante se vuelve á su cueva. Al día siguiente al amanecer vuelve á buscar á sus hijos y estaban en el mismo Vilaflor, aún durmiendo la mañana entre unos pinos, y al ver llegar á su desnaturalizada madre se convierten él en pino gigante que es el llamado hoy Pino gordo y ella en el pino denominado Madre del agua. Entonces la mujer de Guayota desesperada por no hallarlos exclama: ¡olvidados séais el uno del otro! Los pinos quedaron para eterna memoria y ellos, vueltos de su encantamiento, se desconocieron; ella fué para Adeje y él quedó en Chasna, después Vilaflor. Pasado un año trata de casarse el héroe ya referido, y en una reunión de mucha gente y guanchas de cabellera rubia y rostros algo morenos pero bellos, entra dentro de la cueva donde estaban reunidos una esbelta jóven, se pone en medio de todos cantando, silvando y de pronto se arrodilla y mira al techo de la gruta invocando rezos ó exorcismos que no comprenden, la miran creyéndola loca: debajo de su largo tamarco de pieles (especie de capa) traía un envoltorio de pedazos lanudos de cuero de cabra en forma de una persona y fijando su vista en el novio que iba á casarse y golpeándole con el citado envoltorio en forma de muñeco le dice: ¿Te acuerdas del gánigo (jarro) de agua que mi padre te ordenó sacaras de la vasija grande? -á la que respondió -jNo! A cuya respueta la joven menudeaba de la lindo los golpes con el muñeco. Lloraba él, y ella continuó. ¿Te acuerdas de la montaña, su sorribo, siembra, recolección y entrega de las cultivadas habas?: si recuerdo un poco -ya los golpes no le dolían tanto- ¿Te acuerdas cuando me sacaste del mar con un dedo de la mano derecha menos por ir á buscar un collar y un anillo de barro? el jóven fijándose en la mano, pone las suyas sobre las sienes como queriendo traer á su memoria vagas ideas y ella continúa diciéndole: ¿No te acuerdas cuando coloqué dos cueros con sangre de oveja para librarte la vida, cuando me convertí en Mocán y después en pino?; recuérdolo perfectamente, vén á mis brazos, tú eres mi bella Vilaflor, con quien me caso ahora es contigo, efectuándose la boda con gran contentamiento de los presentes. La novia celosa y airada dio su mano en el acto á otro que también la pretendía, dirigiéndose después cada matrimonio á su auchón ó cueva habitación. Al entrar óyese un terrible estruendo, la tierra se conmueve, los temblores se suceden con rapidez, un horroroso trueno se oye, todos salen asustados fuera de sus viviendas, y el espacio á pesar de la oscuridad de la noche, se ve iluminado por un resplandor rojo oscuro que ilumina toda la atmósfera; se dirige la vista al Teide y éste vomita de su profundo seno rocas ardiendo con ruidos espantosos, repetidos por los ecos de las montañas; cenizas ardientes caen á los pies de los atemorizados guanches, un olor á azufre penetra por el olfato y formidable río de lavas ardiendo en forma de cascada de fuego se precipita por una montaña. Es el volcán del Teide, residencia de Guayota, que al saber el casamiento de su hija Vilaflor, duramente enojado por creer que eran muertos sus hijos, les envía el fuego de los antros infernales y terrestres, dando espantosos estampidos, que son los gritos desesperados de Guayota, al querer convertir con sus fuegos la isla de Nivaria en una quemada roca volcánica pelada, desierta y aislada en medio del Océano; lo que no pudo conseguir porque todos pedían á Achuhuran (Dios) que tenía más poder que él y la isla se salvó.

Eduardo Pedro García Rodríguez.

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