Dulces de Vilaflor


Isidra Dorta lo lleva en la sangre desde niña. Por eso, cuando hace doce años le dieron la oportunidad de trabajar en esto, no se lo pensó. El amor, el cuidado y el cariño que pone en la elaboración de cada uno de sus dulces hacen que el resultado sea especial y por eso puede presumir de tener seguidores incondicionales. Nació en Vilaflor (Tenerife) en el seno de una familia de tradición dulcera por los dos lados.

“La familia mía toda ha sido dulcita”, nos explica durante nuestro encuentro en su casa donde no falta la tacita de café y el plato de dulces. “La madre de mi madre se embarcaba en El Médano en una lanchita y venía hasta Santa Cruz a vender los dulces. Después decidió quedarse en La Higuerita, allí tenía un horno, hacía los dulces y mi abuelo iba en el tranvía a venderlos a Santa Cruz, a los Zamorano, a los Friend, a todas las casas de la gente rica, les llevaba los encargos que ellos les hacían”. Isidra continúa contándonos de dónde le viene su dedicación: “por parte de mi padre tenía a mi tía Paula, que era una gran dulcera, mi tía Herminia y mi tía María y mi tía Clarita. Yo siempre los vi hacer, me crie con mi tía Herminia y ella siempre hacía dulces, truchas de almendras, almendrados, marquesotes… siempre. En mi casa no faltaban los dulces”.

Los dulces de la familia de Isidra son famosos desde antaño. Nos contó que su abuela materna se los preparaba al obispo Domingo Pérez Cáceres. “Un día se olvidó de ponerle un poquitito de bicarbonato, que llevan las tortas chasneras, y ella le decía: “¡Ay, señor obispito, que se me olvidó el bicarbonato!”. A lo que él respondió: “¡Ay, Fermina, las mejores tortas que me ha hecho!”, relata entre risas.

Pero a pesar de haber vivido entre masas y hornos durante toda su niñez, la dedicación profesional a la elaboración de dulces artesanos fue tardía y llegó de forma casual. “Se propuso asfaltar la calle de mi casa en Los Blanquitos (Granadilla), y se hizo una reunión con el Ayuntamiento. Se celebró en casa y yo tenía un poquito de vino de Vilaflor del nuestro, hice un quequi -bizcochón-, unas poquitas tortas y almendrados, y Antonio Cabrera -el promotor y Presidente del Mercadillo del Agricultor de Granadilla de Abona- me preguntó que quién hacía esos almendrados tan buenos, y le dije que yo. Entonces me dijo: ¿A ti te interesaría, cuando se ponga en marcha el mercadillo, tener un puesto de dulces? Y yo le dije que sí”. Isidra tenía 41 años cuando esto ocurrió y ahí comenzó su vínculo con este mercadillo. Fueron cinco años de trabajo hasta que el proyecto se hizo realidad pero, como cuenta Isidra, “ha merecido la pena. Empezamos ocho personas y hoy ya son ciento y pico los que formamos el Mercadillo. Allí estamos los sábados y los domingos”.

En sus doce años de experiencia de dulcera a nivel profesional se tiene ganada su fama a pulso; no sólo en la Comarca de Chasna, de la que Isidra se siente doblemente por ser de Vilaflor y trabajar en el Mercadillo de Granadilla, sino en toda la isla. Todos los años le invitan a participar en las Fiestas de Mayo de Santa Cruz y en la Feria Iberoamericana, y reconoce sentir una satisfacción inmensa cuando, poco antes de estos encuentros, recibe llamadas para saber cuándo va a estar por la Capital. Su humildad queda patente cuando le preguntamos qué siente al ser reconocida como una de las mejores artesanas de dulces que hay en la isla. “A mí no se me sube eso a la cabeza, estoy bastante contenta, primero que nada porque me gusta y, segundo, que me siento tan realizada, no me canso de hacerlos y la gente está contenta, jamás he tenido una queja de nadie”.

Los dulces.

Si nombramos todos los dulces que prepara Isidra, podríamos ocupar todo el reportaje; hasta a ella le cuesta acordarse de todos. “Los matrimonios, como se conocen en Adeje, el Valle, Arona, Vilaflor y Granadilla, pero en las demás zonas los conocen como almendrados. Las tortas de almendras repeludas, que la gente llama torta chasnera porque es de Chasna, pero el verdadero nombre es torta de almendra o torta repeluda. Después están los dedos de santo, los huesos de santo, los rosquetes de vino, el rosquete relleno de cabello, el rosquete de canela, mantecados, galletas, allí se hace mucho la galleta de mantequilla y manteca, bizcochos finos, los merengues o mimos, el quequi, que aunque la gente le llama bizcochón, es el queque de huevo. Las piñas, para las que todavía pico las almendras a mano. Cocas de almendras, nueces, pasas y batata”. Isidra y su marido plantan las batatas de yema de huevo durante todo el año para tener el ingrediente principal de las truchas y cocas. Y prosigue haciendo memoria: “Rosquetes de naranja fritos, gofio con miel y almendras, los marquesotes, que son dulces típicos de Vilaflor desde muy antiguo”. Por Navidad prepara también truchas de almendra, polvorones y turrones de almendra. Pero cuando le pedimos que nos diga su preferido no lo duda. “A mí el más que me gusta es el matrimonio”, aunque apunta que el más demandado por sus clientes es el rosquete frito de naranja que aprendió de su tía María.

Isidra no innova, continúa haciendo las recetas de toda la vida, “las que aprendí de pequeña pero con cariño, mucho cuidado y los mejores ingredientes que pueda conseguir”, y en esto pone especial cuidado: almendras, azúcar, harina, aceite, manteca, matalahúva, canela, huevos, batatas de yema de huevo, cabello de ángel. “No uso más nada, sólo mucho amor y cuidado, y cuando estás batiendo las claras ir echando el azúcar poquito a poco, y levantarlas y darles y batir esas yemas bien batiditas conjuntas con esas claras, que se usan sin tropel, porque si es al tropel no sirve para nada”. Al preguntarle por su truco nos dice que ella siempre piensa que lo que hace lo van a comer personas, pero hay mucho más: “A mí no me importa estarme dos horas, el problema mío es no tener prisa, porque si yo fuera de las que lo hacen todo rápido, haría más. Si me sale mal un rosquete lo vuelvo a hacer; tú ves la milana y están todos del mismo tamaño, no me sale uno mayor que otro”.

La gente joven siente interés por la labor que realiza la artesana, le preguntan y le piden que les enseñe. Pero Isidra ya cuenta con una fantástica sucesora. Y es que su hija Leonor ha heredado el entusiasmo de su madre por la elaboración artesana de dulces. Es un alivio saber que esta tradición va a continuar y vamos a seguir comiendo tortas repeludas, almendrados, rosquetes de vino… y tantas delicias oriundas del pueblo de Vilaflor.

Artículo publicado en el nº 69 de la revista BinterCanarias.

Enlace: Bienmesabe.

Un pensamiento en “Dulces de Vilaflor”

  1. es dificil entrar en la feria de santa cruz cuando se tiene el monopolio y los dulces de vilflor y los dolceroros que quieren ir que pasa con la denominacion de origen

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