Que hay de interesante para visitar o conocer en Vilaflor


EL AGUA 

La geografía de Canarias hace que cada isla tenga sus particularidades en cuanto a los sistemas de captación de aguas se refiere . Gran Canaria con un sistema de presas que recoge la mayor parte de las aguas de las escorrentías de los barrancos. El Hierro, La Palma, La Gomera y  Tenerife, optaron por un sistema mixto de embalses, galerías y pozos. Fuerteventura y Lanzarote aprovechando las aguas subterráneas a poca profundidad, elevándolas por medio de molinos combinados con gaviales y maretas.

LOS ACUIFEROS 

La ausencia de corrientes de agua permanentes, la escasez de lluvias y su irregularidad ha obligado a los canarios a extraer el preciado líquido del subsuelo donde ésta se acumula en bolsas o acuíferos. El aprovechamiento de los acuíferos se realiza mediante tres sistemas la explotación directa del manantial o fuente, en el que el agua brota de modo natural, los pozos o perforaciones verticales que se prolongan hasta alcanzar la bolsa de agua y las galerías, en la que se perfora en horizontal.

LOS MANANTIALES

Se denomina naciente o manantial a un nacimiento de agua que fluye a la superficie de forma natural, sin que haya intermediado la actividad humana para favorecerla.

A mediados del siglo XIX, antes de que se iniciase la perforación de las galerías, este tipo de nacimiento de agua constituía prácticamente la única fuente de suministro de la isla. El caudal conjunto alumbrado, en algo más de 600 manantiales, se estimaba en unos 700 L/s, de los cuales 600 L/s nacían en la vertiente norte y 100 L/s en la sur.

El agua que manaba en los nacientes provenía de acuíferos colgados o bien, en zonas donde la topografía cortaba a la superficie freática, del drenaje de la zona saturada general.

Cuando se inició la perforación de galerías y comenzó a retroceder la posición de la superficie freática, los nacientes que se suministraban del acuífero general empezaron a secarse; los que se alimentaban de acuíferos colgados se han mantenido hasta la actualidad, fluctuando sus caudales en función del régimen de lluvias. Dada la variabilidad estacional de este tipo de nacientes no es fácil cuantificar el caudal conjunto alumbrado.

LAS GALERIAS

En Canarias se denominan galerías a las perforaciones horizontales, a modo de minas, excavadas para obtener agua del acuífero basal insular. El túnel tiene una sola boca (bocamina), con una sección media de 2 x 2 metros. En ocasiones llegan a alcanzar varios kilómetros de longitud. Desde el punto de vista histórico, se inician en el cambio del siglo XIX al XX, y representan la extensión del modelo de civilización industrial al proceso de extracción y privatización del agua, generalizando el empleo de nuevos productos industriales como la dinamita, los raíles y vagonetas de metal o determinados ingenios mecánicos.

En Tenerife hay emboquilladas 1.051 galerías, con una longitud total perforada de 1.680 km, que en el año 2003 aprovechaban un caudal conjunto de 119,7 hm /año. En las galerías, y dependiendo de sus características constructivas y del aprovechamiento, se diferencian los subtipos siguientes convencional, socavón, naciente y pozo. De estos, la galería convencional es la más representativa, y en relación con ellas se alumbra más del 93% de las aguas obtenidas por este tipo de captación.

A finales del siglo XIX comenzaron a perforarse las galerías en aquellos puntos en que más clara era la evidencia de la existencia de agua subterránea; es decir, en las áreas en que ya existían manantiales naturales.

A partir de ese momento, se intensificaron las labores de perforación, aumentando de manera considerable el número de galerías; si bien su distribución en el territorio no es uniforme. Las primeras perforaciones se localizaron, preferentemente en torno a la Dorsal de La Esperanza, tanto por su vertiente norte como por la sur y, desde aquí, se extendieron al resto de la Isla, primero por la vertiente norte y posteriormente por la sur. A mediados de los años 60 ya se habían abierto más del 90% de las galerías existentes en la actualidad, alcanzándose a finales de esa década la máxima productividad de 7.000 L/s.

A partir de ese máximo, y aunque prosiguieron las labores de perforación, se inició un descenso paulatino pero ininterrumpido de la producción total de las galerías. Este descenso no fue sincrónico en toda la isla, ni tampoco se verificó con la misma intensidad de unas zonas a otras.

La extracción de agua en grandes cantidades constituye un momento revolucionario, y supone para muchos lugares hasta entonces deprimidos, como el Sur de Tenerife, la entrada en los circuitos económicos, con el desarrollo de cultivos de exportación. Implica también un resurgir de la industria hidráulica, y los molinos de agua salpican toda la geografía de la isla Vilaflor, Granadilla, Adeje, Güimar, La Laguna, La Orotava, etc.; Abastecimiento urbano -y- lavaderos cercanos a los núcleos de población.

El municipio alberga tres nacientes y está socavada por un sinnúmero de galerías, entre las que destacan Fuente Fría, Pinalito, Arañaga, Cruz de la Niña, El Cuervo y Peral. Además de los manantiales conocidos en Arañaga, Guayerito, en el Cuervo, Madre abajo y Madre el medio.

A su vez, surgieron las fábricas de El Pinalito y Fuente Alta (la primera ya inactiva) grandes abastecedoras del mercado insular de agua embotellada .

Vilaflor, es conocido por la naturaleza de sus aguas. La importancia que para toda la comunidad posee el agua, elemento esencial para la subsistencia y el desarrollo de la economía adquiere mucha importancia en el municipio chasnero, no sólo por su abundancia, sino por los interminables conflictos que desde el siglo XVI se originaron entre los Soler (fundadores del pueblo y propietarios de gran cantidad de terrenos y aguas de la comarca y el vecindario de Vilaflor que se han seguido prolongando a lo largo de los años.

Este sistema de explotación no es muy antiguo, de hecho se inició durante el siglo XIX cuando los nuevos cultivos y el abastecimiento humano exigieron más recursos hídricos. Los nacientes y manantiales fueron agotándose y la perforación de las montañas se incrementó notablemente. La primera galería comienza a ser explotada en el año 1930. El agua de estas galerías pasa por un módulo ubicado en El Chorrillo desde el que se reparte a las diferentes cooperativas. Éstas tienen participaciones, o títulos de acciones, de unas perforaciones que, en régimen de comunidades, se hacían en el subsuelo, buscando vetas por donde discurriera el agua filtrada del Teide y- de las cumbres.

La conducción del agua desde manantiales y galerías exigió la utilización de canalizaciones de todo tipo. Se construyeron para ello acequias con piedra (caños ) forrada de argamasa y también se hizo uso de canales de madera de tea ahuecada que se ensamblaban uno tras otro.

Por otra parte, la necesidad de salvar los huecos de los barrancos obligó, en ocasiones, al trazado y edificación de acueductos de pequeño o mediano tamaño y que, aún hoy en día, pueden contemplarse si se recorre alguno de los itinerarios por los que discurría el agua.
La introducción de nuevos materiales de construcción como el cemento y las tuberías acabarían por desplazar a la argamasa y la tea en las canalizaciones, así el paisaje urbano que configuraban éstas terminaría por desaparecer.

PARROQUIA DE SAN PEDRO APÓSTOL 

La primitiva Ermita fue edificada a mediados del XVI por Pedro Soler y su esposa Juana de Padilla. Le dieron la advocación del santo de su patrón, la dotaron de lo necesario para su culto y una imagen de alabastro que trajeron de Cataluña. Su modestia queda constatada hacia el 1568, año en que fue elevada a la condición de parroquia y sede del beneficiado de Abona tras la visita del arcediano Juan Salvago, con la condición de que los Soler, como patrones del templo y habiéndose comprometido a ello, culminaran la construcción de su capilla mayor.

En 1615 el capitán Gaspar Soler de Arguijo y Juan Soler de Padilla decidieron desbaratar la capilla para levantar otra mayor. Contrataron para ello al cantero Custodio López. Era de planta cuadrada con tosca blanca, salvo las basas y guarniciones del arco mayor, que se hicieron en piedra azul volcánica por su mayor prestancia y por haber sido empleada en su puerta. En 1675 se rehizo desde sus cimientos, ya que tras los trabajos en la cabecera resultó pequeña la nave. Por el contrario se mantendría el testero con la recién construida sacristía. Es la fecha en que fueron trazadas sus dos portadas.

La Iglesia se presenta como un templo de una sola nave y planta de cruz latina, con sendas capillas laterales comunicadas con el presbiterio, baptisterio a los pies y una sacristía más moderna adosada a la capilla del lado del Evangelio y abierta a la calle mediante un balcón lígneo. Los muros de mampostería se refuerzan con sillares esquineros en cantería basáltica, que aseguran la trabazón de los parámetros, adaptándose el conjunto a la pendiente del terreno por medio de un graderío pétreo que lo regulariza. Los vanos son escasos y se limitan a las portadas en cantería y un cierto regusto neoclásico, delimitadas mediante pilastras y rematadas por un frontón triangular con flamencos. Sobre la portada principal se abre una sencilla ventana cuadrada de ciertas dimensiones, mientras que los restantes huecos corresponden a ventanas de cuarterones enmarcadas en cantería.

En el interior, el arco toral se apea sobre columnas adosadas sobre altos plintos, con el sol tallado en la clave, simbolizando el linaje que ejerce su patronazgo, los Soler. El artesonado es MUDEJAR en la nave. De par y nudillo, con tirantes dobles unidos por lacería y sobre pares de canes en el buque. El presbiterio presenta un artesonado ochavado, de cuatro faldones con limas moamaras y tirantes en los ángulos en la colateral del Evangelio y octogonal con pechinas, decoradas por lacería y almizate con pinjante en la de la Epístola.

En la nave es más antigua, en tanto que en las restantes es más moderna. En 1767 se ordenó por el obispo Delgado y Venegas la construcción del coro alto sobre la puerta principal, con salida al campanario. Al exterior muestra dos portadas, la principal a los pies y una segunda en el costado derecho. Son de aspecto similar con frontón con flamencos sobre pilastras. Ostentan la fecha de 1675. Se añade en la primera el haber sido hecha por el párroco Matías Ruiz Alfonso y en la segunda, el tallado de las llaves de San Pedro en alusión a su titular. En el pasado fueron más porque en 1795 el obispo Tavira consideró excesivo su número, contrario a la seguridad “y en un país tan frío contribuye a hacerle notablemente más incómodo”. Ordenó el cierre de las dos de las capillas y una de las dos colaterales que miran a la parte de arriba del pueblo.

RETABLOS Y ESCULTURAS

En el interior del templo, ubicado en la cabecera está el retablo mayor que ocupa todo el testero, en la hornacina de la izquierda está su obra más valiosa, la imagen de alabastro de San Pedro antes citada de mediados del siglo XVI. La pierna derecha del santo se adelanta, mientras que la izquierda se retrae. En la mano derecha sostiene un libro. El manto se arremolina suavemente en forma de curva. Fue esculpida por el aragonés Pedro Villar. Para las procesiones se utilizaba otra imagen de vestir esculpida en marfil, que se colocaba en un pequeño niño del altar de Ánimas. El apóstol aparece como un joven sentado en un sillón dorado de líneas BARROCAs bendiciendo con su mano en alto. Se le conoce popularmente como “San Periquito” y ya aparece citada en los inventarios del XVIII.

En la hornacina central de este retablo está una talla de vestir de la Inmaculada Concepción, en el nicho de la derecha está la imagen del Santo Hermano Pedro esculpida en el siglo XX.
Entre las tallas que posee la iglesia, en su mayoría de autor anónimo, podemos señalar el Cristo de Humildad y Paciencia, de la primera mitad del siglo XVII, su Nazareno, con un magnífico trabajo de las manos y mirada fija y penetrante y las Vírgenes del Rosario y del Carmen, dentro de la órbita y características del arte popular tradicional.

En el brazo izquierdo del presbiterio se sitúa el retablo de La Misericordia, es una construcción de madera sin pintar, en la calle central está un Calvario con una talla de Cristo crucificado del siglo XVI, una de las más antiguas, la Virgen de los Dolores o de la Soledad del siglo XVI y otra talla de San Juan, en esta capilla está un Cristo yacente en su urna con una inscripción de 1870 fecha de su construcción, aunque el Cristo es del siglo XVIII.

En cuanto a orfebrería podemos reseñar un cáliz italiano donado por el obispo italiano de Sabina Donato Portocarrero a los Padres Bethlemitas de Vilaflor. Al prohibirse su fundación en 1725 lo cedieron a la parroquia. Una de sus obras maestras es la cruz procesional cubana del tránsito de los siglos XVII al XVIII. Otras piezas notables son la custodia lagunera de ráfagas continuas de mediados del XVIII, un cáliz de plata dorada característico del rococó de Aguere del último tercio del XVIII, una lámpara de plata de 1638 y un guión de plata de Buenaventura Correa del primer cuarto del XIX.

LOS CIPRESES DE VILAFLOR

La Iglesia parroquial, así como los inmuebles que la circundan, alineados en las calles limítrofes conforman un entorno de gran relevancia patrimonial, entre los que destacan edificaciones como la casa de los Soler, el molino de agua y el grupo de inmuebles que circunda la plaza de la iglesia, junto al convento bethlemita.

No menos espectaculares, en su género, se nos muestran los tres cipreses situados frente a la portada principal de la IGLESIA de San Pedro Apóstol, una de las más antiguas de la isla.
Considerando las singularidades con que cuenta el archipiélago canario en cuanto a vegetación nativa, los cipreses se pueden considerar rarezas. Los cipreses de Vilaflor, en su conjunto, dada su antigüedad, historia, ubicación, porte y valor paisajístico, es el de mayor relevancia que está en las islas, probablemente favorecidos por el clima seco y la calidad del aire de este ambiente montañoso. Si bien atendiendo a su morfología y mayor porte pudiera destacarse uno especialmente, lo más significativo lo represente el propio conjunto.

Los cipreses, que en origen fueron cinco, se plantaron por su carácter simbólico funerario, por cuanto “antiguamente enterraban en las iglesias”.
Probablemente estos árboles fueron traídos de la península, no pudiéndose precisar el año de plantación, si bien cabe pensar que pudieran considerarse casi coetáneos a la fundación de la iglesia, siendo los elementos más destacados de la jardinería proyectada asociada al conjunto arquitectónico religioso, patrimonio indisociable del entorno de la plaza y de la propia existencia de los chasneros.

LA ERMITA DE SAN ROQUE 

La Ermita de San Roque fue construida a principios del siglo XVII. Está ubicada en una colina desde la que se otea el pueblo. Fue dotada en 1614 por los Soler. Su fábrica era muy humilde porque en 1778 el visitador Gaspar Álvarez de Castro indicó que debía de acrecentarse por ser baja. Sin embargo siguió siendo muy sencilla con su espadaña, tal y como hoy se yergue. En el siglo XVII esta ERMITA estuvo cuidada por el mayordomo Francisco Pérez Palmés, que en su testamento deja 400 reales a la capilla.

La Ermita es un edificio de recinto único con una sacristía a la izquierda de la misma. La puerta en arco de medio punto a los pies de la ERMITA, paredes de albañilería, techoMUDEJAR con pocos motivos de lacería. Cubierta a dos aguas, con un gran tablón central de donde discurren los tres faldones. Ventanas abocinadas, dos en la ERMITA una en la sacristía. El suelo es de piedra (losa chasnera). En esta ERMITA se venera la imagen de San Roque a la que se le hace su función anual compartiendo fiesta patronal con San Agustín.

EL EXTINTO CONVENTO AGUSTINO 

Nada queda del convento agustino de Vilaflor. Fundado en 1613 bajo la advocación de Santa Catalina Mártir. Cuando en 1627 el capitán Juan García del Castillo se hizo cargo de su patronato modificó en 1627 esta advocación por la de San Juan Bautista. Tres años antes había contratado con los albañiles Francisco Martín el Viejo -y- su hijo de idéntica denominación la construcción de su capilla mayor. En 1675 se construiría la de los hermanos de la Cinta por el vecino de Los Realejos Simón Fernández.

Siempre fue un convento muy pobre -y- sin estudios con una comunidad muy reducida. En 1735 era de 9 ó 10 religiosos. En 1782 ardió, siendo reedificado. Sus rentas se cifraban en limosnas, unos pocos tributos y una propiedad de 30 fanegas arrendadas, aunque con 2/3 partes cargada con tributos. Tras la desamortización se transformó en cementerio y sólo su calle trasluce su recuerdo, en la actualidad es la Avenida Hermano Pedro, pero conocida todavía popularmente como calle El Convento.

CAPILLA DEL CALVARIO 

La Capilla del Calvario está ubicada en la plaza del mismo nombre. Tuvo su origen como lugar de conmemoración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Se tiene conocimiento de este lugar desde 1620, pero no fue hasta 1915 cuando se construyó la capilla.

La Capilla del Calvario cobra especial importancia durante la Semana Santa, momento en que se recuerda la muerte y resurrección de Jesucristo. En esta capilla tiene lugar la bendición de las palmas que acompañan a la procesión del Domingo de Ramos, que comienza en el Calvario y recorre el pueblo hasta llegar a la IGLESIA parroquial. En Semana Santa, el Viernes Santo al amanecer se celebra la procesión del encuentro, sale desde el Calvario el Cristo crucificado que está con la Virgen de Dolores y San Juan.

LA CASA DE LOS SOLER  

La casona por excelencia de Vilaflor es la de los Soler frente a la IGLESIA de San Pedro, de la que fueron fundadores. Excelente muestra de arquitectura tradicional es la casa-palacio de los marqueses, una casa de dos plantas con una galería abierta sobre soportes pétreos con un lagar en la parte posterior del edificio. La construcción primitiva tuvo que ser reedificada en el siglo XVIII cuando los chasneros se rebelaron contra los Soler en la asonada en la que les derribaron estos soportes pétreos obligándoles a huir.

AGRICULTURA Y GANADERÍA 

En el archipiélago canario, a pesar de ser unas islas de reducida superficie, se ha ido conformando una pluralidad de espacios agrícolas que le otorgan una enorme y, a la vez, singular riqueza agropecuaria. En los últimos treinta años se han venido produciendo una serie de transformaciones tanto en la agricultura como en el conjunto de la economía de Canarias. Estos cambios han modificado en gran medida los paisajes agrarios tradicionales (de forma negativa por el progresivo abandono de las tierras y positiva por la introducción de nuevas prácticas agropecuarias).

La PAPA Y LOS JABLES

Desde el siglo XIX se han venido utilizando en la agricultura canaria los depósitos de piroclastos ácidos -o- tobas pumíticas, procedentes de erupciones volcánicas altamente explosivas. En las medianías del sur de Tenerife, la escasez de suelos aptos para el cultivo se solventó en parte gracias a la gran abundancia de dichos depósitos, dando lugar al paisaje agrario de los enarenados artificiales de los jables, que es el nombre local con el que se conoce a los piroclastos ácidos.

Antes de que se produjeran los alumbramientos de agua en las décadas de los treinta -y- cuarenta, se produjo un aprovechamiento directo sobre una amplia superficie de terreno en la que básicamente las tierras de cultivo sorribadas fueron pumitas más -o- menos mezcladas con los escasos suelos disponibles. En las medianías altas (entre los 700 -y- 900 m) se desarrolló este cultivo directo sobre jable que originó un paisaje agrario de secano constituido por miles de pequeños canteros de colores blanquecinos que se distribuían por la vertiente de sotavento de la isla. Aquí se instauró un policultivo (cereal, legumbres, papas, viña, frutales, etc.) en el que la papa fue haciéndose predominante a medida que se fue convirtiendo en un producto agrícola de exportación.

Concluida la Segunda Guerra Mundial, comenzaron los trabajos de construcción del terrazo agrícola de los enarenados de los jables modernos, prolongados hasta los años setenta, y cuya pervivencia actual más importante ha quedado reducida al municipio de Vilaflor, los beneficios comerciales obtenidos por la cosecha de papas, destinada primero al mercado británico y hoy al mercado regional, han especializado el paisaje agrario en el monocultivo de este tubérculo.

EL CULTIVO DEL VINO

Actualmente, Canarias tiene alrededor de 15.000 hectáreas de viñedos que producen unas 30.000 toneladas de uva al año. Además, se tiene denominaciones de origen reguladas por los consejos reguladores que han llevado a la consecución de numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales de los vinos canarios.

Por lo que se refiere a Vilaflor, la comarca tiene 400 hectáreas de viñedos que producen sus caldos bajo la denominación de origen de Abona.
La vid ocupa en Canarias terrenos de secano donde otros cultivos no serían posibles, desde los 100 hasta los más de 1.500 metros de altitud, sin mermar los escasos recursos hídricos de las islas, siendo, por tanto insustituible.

Desempeña además un papel destacado de mantenimiento de los ecosistemas en laderas de medianías de fuertes pendientes, evitando la erosión y desertización, y prestando además una gran belleza al paisaje.

En numerosas zonas, como es el caso del municipio de Vilaflor, el viñedo es un cultivo ecológico, que sólo necesita de algunos tratamientos fungicidas a base de azufre o azufre cúprico en espolvoreo.

GANADERÍA 

Los escasos habitantes que debieron habitar, de forma permanente, las tierras del actual municipio de Vilaflor de Chasna en la época aborigen basaban su subsistencia, al igual que el resto de la población guanche, básicamente en el pastoreo, practicando en menor medida la agricultura.

Las tierras de Vilaflor están atravesadas por diversas RUTAS pastoriles a través de las cuales los pastores guanches conducían sus ganados hacia los pastos de las cumbres de Tenerife. En el Menceyato de Abona (comarca prehispánica que abarcaba los municipios actuales de Arico, Granadilla, San Miguel, Arona y Vilaflor) el cuidado del ganado era especialmente importante, ya que incluso se mantenían actitudes nómadas, de forma que se llevaba el ganado de la costa a la montaña, en función de sus necesidades de pasto. Como consecuencia de este continuo tránsito han sido numerosos los hallazgos que de la cultura prehispánica se han encontrado en la zona, especialmente gánigos y otros objetos de la vida aborigen.

El ganado caprino tenía un valor doble para los aborígenes por un lado, era su alimento principal y por otro, eran también su mayor ocupación. Así, en Vilaflor se tiene constancia de que muchos rebaños utilizaron como lugar de descanso Montaña de los Guaniles, un lugar en el que acaban muchos senderos.

La ganadería mantuvo su importancia tras la conquista. De hecho, en el primer censo llevado a cabo en Vilaflor, se registraron más de mil cabras, una cantidad muy importante si tenemos en cuenta el número de habitantes.

Desde entonces hasta nuestros días, los ganaderos de Vilaflor sienten orgullo de producir algunos de los quesos de cabra de mayor calidad y renombre.

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