Hermanas Bethelemitas. Expresión del amor y la misericordia de Jesús


Nuestro instituto surge de la Orden Bethlemita, iniciada en Guatemala, en el año 1658, por el Hermano Pedro de San José Betancur (1626-1667), natural de Vilaflor, Tenerife (Islas Canarias). Pedro entrega su vida al servicio de Dios en los pobres, a quienes busca y atiende con gran amor y especial solicitud. Su casa es casa de todos; allí encuentran ayuda tanto material como espiritual los que la solicitan, y albergue caritativo los necesitados.

Atraídos por su vida, se unen a él varios hermanos de la Orden Tercera Franciscana, a la cual pertenecía también el Hermano Pedro. Lo toman como maestro para vivir en radicalidad las exigencias del Evangelio.

Pedro fue un contemplativo de Belén y la Cruz, situando allí el eje central de su carisma. Estos dos misterios llenan su vida, lo entusiasman y lo llevan a asumir, en cuanto le es posible, las enseñanzas de Cristo y a servirle, especialmente, en los más pobres, necesitados y desprotegidos. Esos dos grandes misterios de la vida de Cristo, Pedro los ve perpetuados en la Eucaristía, que le cautiva y le lleva a pasar largas horas de adoración, encontrando en ella la fuerza para su ardua labor apostólica.

Adquirió una pequeña casa, la cual pagó con limosnas, y la convirtió en el centro de acogida. Era escuela para los niños que no tenían la oportunidad de acceder a la educación. En las noches, esta humilde casita se convertía en hospital de convalecientes; a él llegaban enfermos que carecían de un lugar para recuperarse y también aquellos que el mismo Hermano Pedro recogía por las calles y a los que llevaba sobre sus hombros. Estos dos actos de misericordia, que este humilde hermano realizaba, le merecieron los títulos de “primer evangelizador” y “primera ambulancia de Guatemala”, títulos que nos muestran muy bien la enorme obra de amor y misericordia que él desarrolló con los más necesitados y desprotegidos.

Su intenso anhelo evangelizador le llevaba a predicar el Evangelio con su vida y a llamar a muchas almas en pecado a la conversión. Todas las noches, con su campana y su conocida frase: “Acordaos, hermanos, que un alma tenemos, y si la perdemos, no la recobramos”, salía por las calles de la antigua Guatemala. A esta ardua labor apostólica y misionera la acompaña una intensa vida de oración y penitencia. Esto debilitó su salud, muriendo a los 41 años de edad. Pero dejó un legado de amor, entrega y sacrificio que sus seguidores continuaron con fidelidad. Fue canonizado en Guatemala el 30 de julio de 2002.

La vitalidad de una joven intrépida

Casi dos siglos después y cuando los avatares de la vida querían dejar en el olvido esta hermosa obra que el Hermano Pedro nos había legado, ingresa en el Beaterio de Belén la Madre Encarnación Rosal (1820-1886), una joven intrépida, con grandes ideales y deseos de santidad, que, llena de savia nueva, rescata y da vitalidad a la obra, siendo fiel al carisma fundacional y enriqueciéndolo con su propio carisma, especialmente con la devoción de reparación a los dolores internos del Corazón de Cristo.

Esta experiencia de Dios acrecienta su amor y su fe, su pobreza, humildad y fortaleza. Sirve al hermano necesitado e impulsa la educación de la niñez y de la juventud en colegios, escuelas y hogares para niñas pobres y otras obras de asistencia social.

La Madre Encarnación, después de una vida de entrega y sufrimientos, muere en Tulcán, Ecuador, tras su paso por el sur de Colombia, donde dejó establecidas algunas obras y desde donde se proyectó el carisma. Su cuerpo permanece incorrupto en Pasto (Colombia). Fue beatificada el 4 de mayo de 1997.

El tesoro más preciado

El instituto acoge y vive, como el tesoro más preciado que nos han dejado, todo el legado de nuestros fundadores. Somos en la Iglesia un instituto religioso de derecho pontificio, dedicado a obras de apostolado, especialmente con los pobres: en el campo educativo, de promoción social y misionera, según las exigencias de los tiempos y necesidades del lugar. Actualmente nos encontramos en 13 países: Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, México, EE UU, España, Italia y la India.

En España estamos presentes en Mas de las Matas (Teruel) y en Arona y Vilaflor (Tenerife), lugar donde Pedro nació y recibió los sacramentos y el ejemplo de santidad en el seno de una familia profundamente cristiana. De pastor de cabras en Vilaflor pasó a ser pastor de almas en Guatemala. En lo que fue su casa natal está construido actualmente el Santuario del Santo Hermano Pedro, lugar que acoge a muchos peregrinos que buscan la intercesión del “hombre que fue caridad”.

Un futuro más humano

El Hermano Pedro murió con la ilusión de un futuro más humano para los pobres indígenas, de una mejor casa para los convalecientes y de una escuela acogedora para los niños de Guatemala. La semilla por él sembrada arraigó en la tierra americana, y de ella creció una planta fuerte y frondosa, la Orden Bethlemita, que continúa viva en la Iglesia, como presencia del carisma de Pedro de Betancur en el mundo.

En todos los países donde estamos presentes, nos esforzamos en dar a conocer y sentir el ejemplo de santidad del Hermano Pedro y de la Madre Encarnación Rosal. Es así como en nuestros centros, obras y trabajo con indígenas, entre otros, nos esforzamos en trasmitir a los destinatarios de nuestra misión el amor y misericordia con que nuestros santos fundadores quisieron hacer presente a Cristo en el momento y lugar en que les tocó vivir.

CONTACTO

HERMANAS BETHELEMITAS 

Convento Hermano Pedro 38613 – Vilaflor Santa Cruz de Tenerife

bethlvilaflor@hotmail.com

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