Negro Goyo


Me contaba don Venancio Aguilar, que él fue testigo ocular de un hecho que no puede pasar desapercibido.

san-juan-de-dios1Cuenta don Venancio: -Me habían internado en el hospital San Juan de Dios, por venir padeciendo de una ulcera pronosticada como grave.  En mi cama que estaba al fondo de la sala de cirugía de hombres, no faltaban la visita de mis amigos y familiares que me llevaban los periódicos del día y algunas golosinas que no tocaba por prohibición de los médicos, que según decían mi operación era cosa de un momento a otro.

Como vecino de infortunio, en la cama siguiente, había un hombre moreno procedente de Izabal que se llama o llamaba Gregorio Gamboa, conocido popularmente como el  “Negro Goyo´´. Aquel hombre era un religioso convencido y gran devoto del Hermano  Pedro. Escuchaba perfectamente sus oraciones y cuando en horas de la tarde rezaba en voz alta el Santo Rosario. Ya llevaba varias operaciones, todas  a cuales más delicadas según  los médicos. Cuando estaba un tanto aliviado, me hablaba de su terruño, de su Izabal querido caluroso y lejano, de sus hijos nietos que le esperaban.

Se temía que Goyo tenía un cáncer incurable, aquello era solo un rumor porque ya tenía tiempo hospitalizado. Una tarde me principió a contar que había escuchado de las grandes virtudes del Hermano Pedro, cuando conoció la ciudad de Antigua Guatemala y había laborado como guía de turistas, en un conocido hotel de la ciudad de Guatemala. Cuando evocaba la figura del Hermano Pedro lo hacía con respeto absoluto y con lágrimas en los ojos. El ya me hizo un milagro –comentaba-, indicando que en una ocasión viniendo de un viaje en lancha por el Río Dulce todos cayeron al agua y su hijita de tres añitos no aparecía.

El nadó afanosamente buscándola, pero no la encontraba y clamando con el Hermano Pedro, finalmente la localizó.  Pero antes quiero comentarle   decía, que yo le vi a él al otro lado de la orilla del  rio, indicándome el sitio por donde podía buscar a la niña y allí la encontré. Cuando salimos a flote aquella figura de un padre franciscano, había desaparecido.

Lo peor del caso es que el Negro  Goyo, cada  día empeoraba su  salud, al extremo que en varias ocasiones solicito la ayuda espiritual de un sacerdote. El 1 de febrero de 1976 se puso muy grave, al extremo que los médicos indicaron que no pasaba de aquella noche. Lo regresaron del   intensivo  el dos del mismo mes, pensamos que todo el peligro había desaparecido, pero se realizo aquella disposición porque ya no había nada que hacer con el hombre. Como a las cinco de la tarde me hablo, casi no le entendía lo que me hablaba.

Así permaneció sin quejarse, aparentemente tranquilo, no soltaba su rosario y una estampita donde aparecía el Hermano Pedro .  Como a las nueve de la noche le escuche rezando el rosario, lo hacía perfectamente. Cuando terminó le pregunté como se sentía y me dijo que bastante mal incapaz de levantarse nos dormimos profundamente como a eso de las doce de la noche promediando el amanecer de aquel  4 febrero de 1976. ¡Quien iba a imaginar lo que nos esperaba a los enfermos del hospital San Juan de Dios….! A la hora indicada, se sintió un movimiento sísmico que levantó a la gente, pero fue leve, a los pocos minutos otro mas prolongado.  Después  todo quedo en una profunda calma. Goyo , ni se entero de lo que pasaba, estaba profundamente dormido todavía, tome un poco de café y me fume un cigarrillo a escondidas de las enfermeras de turno porque lo tenia terminalmente prohibido por los doctores que me miraban, felizmente yo me podía conducir solitario al baño y mi dolencia iba desapareciendo poco a poco, la operación la iba viendo cada día más lejos.

Ya dormíamos, cuando de pronto, como en una pesadilla miraba entre la bruma de la noche como los enfermos corrían de un lado para otro, sacando como podían a los enfermos más graves. De pronto otro movimiento sísmico más fuerte que terminó por votar las viejas paredes del hospital.  Busque al Negro Goyo, para ayudarlo pero ya no estaba, cuando salí al corredor mi asombro fue grande al ver que un sacerdote con sayal de franciscano le llevaba cargado. Cuando lo había colocado en un sitio seguro, aquel extraño franciscano desapareció a la altura de la primera avenida. Yo creo que aquel personaje era el Hermano Pedro, que llegó en auxilio del Negro Goyo, a quien vi años más tarde rebosante de salud. El siempre pensó que yo le había sacado de los escombros del hospital, pero solo yo se que fue el Hermano Pedro. Recopilación, Lucia Cano, Vilaflor de Chasna 2009.

Anuncios

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: